
MANO SABAZIA: ¿EL ORIGEN DEL PANTOCRÁTOR?
Al contemplar la mano, es inevitable no reparar en un más que notable paralelismo entre la posición de sus dedos y la recogida en cualquiera de nuestros Pantocrátor de la iconografía cristiana que, en forma mayestática, nos bendice con su mano derecha.
MONOGRAFICOS
Pilar Medina Rayo
Fotografía: Mano Sabazia - Museo Nacional de Arqueología Subacuática | Ministerio de Cultura.
En el Museo Subacuático de Cartagena encontramos una pieza de bronce datada en el segundo tercio del siglo I d.C., denominada Mano Sabazia.
El objeto fue hallado en el yacimiento de Escombreras, en un navío hundido. Representa una mano derecha de tamaño algo menor que el natural (16,5 cm de altura). Comienza justo debajo de la muñeca, con base ovalada que permite mantenerla en posición vertical. La mano, con cuidados detalles anatómicos, presenta tres de sus dedos extendidos (pulgar, índice y medio o corazón) y dos plegados sobre la palma (anular y meñique). Se encuentra adornada con diversos motivos entre los que destaca un personaje sentado y una serpiente que recorre el dorso hasta la unión de los dedos anular y meñique.
La obra te atrae a su contemplación de una manera hipnótica, preguntándonos ¿cuál es su significado?
Por medio de los estudios arqueológicos, sabemos que se trata de una mano de adoración de la deidad oriental Sabazio, natural de Asia Menor (de origen tracio o frigio), cuya adoración se extendió por el Imperio romano a través de su ejército.
La figura sedente representa al propio dios, Sabazio. Nos lo muestra barbado, vestido con gorro frigio, túnica corta o manicata, y unos anaxyrides (pantalones de piel usados por los frigios).
Los romanos asociaron esta deidad con Júpiter, dando como resultado la advocación “Júpiter sabazios”, cuyo tributo principal era la serpiente como símbolo de renovación anual de vida.
Para los autores Daniel Alonso Campoy y Juan Pinedo Reyes “Sabazio se configura como un dios de la luz y las tinieblas, de vida y muerte, salvador y dador de la vida eterna, en el marco de una religión mistérica monoteísta en la que los iniciados gozaban del favor de la deidad, quien garantizaba una rica vida de ultratumba tras acceder a ella a través de una suerte de juicio final sobre el alma de los difuntos.”
Religión monoteísta, juicio final, rica vida después de la muerte para los justos…, sin duda nos suena de algo.
Al contemplar la mano, es inevitable no reparar en un más que notable paralelismo entre la posición de sus dedos y la recogida en cualquiera de nuestros Pantocrátor de la iconografía cristiana que, en forma mayestática, nos bendice con su mano derecha.
La Mano Sabazia ha sido representada en la misma posición que conocemos bajo la denominación de “bendición latina”. Sabazio ha sido incorporado en ella, sentado en majestad, con la misma posición iconográfica del Cristo Pantocrátor típico del arte bizantino y románico.




Fotografía: RRSS.
Sin duda, al contemplar ambas imágenes, podemos aseverar que estamos ante un claro ejemplo de sincretismo religioso.
Se denomina sincretismo a la combinación de dos tradiciones, doctrinas religiosas o, incluso, prácticas lingüísticas de culturas diferentes que se mezclan, conciliando sus distintos contenidos que se fusionan y asimilan mutuamente, obtenido de esa forma un producto cultural totalmente nuevo, aunque con los signos evidentes de los iniciales.
Otro de los símbolos que ambas religiones comparten es la serpiente, aunque con significados distintos. Mientras que para los seguidores de Sabazio era un animal positivo, para judíos y cristianos es marcadamente negativo ya que con ella comenzaron nuestras desgracias.
Pero no acaban aquí los paralelismos, ya que hallamos nuevas coincidencias bajo el dios oriental donde aparece una cabeza de carnero, un cuchillo y un ara llameante, algo que nos recuerda al relato bíblico del sacrificio de Isaac por su padre Abraham. Nada descabellado ya que el dios Sabazios tuvo buena acogida entre la población judía en uno de sus tantos destierros a lo largo de la historia donde, al igual que hicieron los romanos con su dios principal, ellos lo asimilaron al propio Yaveh, según aseveró Franz Cumont, destacado arqueólogo, historiador y filólogo, en 1906.
Por último, en la mano localizamos una cueva y, dentro de ella, una mujer que amamanta a su hijo. Se trata de Sabazio siendo amamantado por su madre, la diosa Cibeles (aunque otros textos citan como madre a Persefone). Escena que, sin duda, también recuerda a los relatos basados en la tradición cristiana.
El culto a Sebazio se extendió con una incidencia menor a la de otros dioses orientales, siendo los testimonios, escritos o físicos, relativamente escasos, entre los que encontramos algunos comentarios de autores clásicos, un corpus de inscripciones y una serie de elementos iconográficos, generalmente de época imperial romana, de los que forman parte las manos de bronce, como la que nos ocupa.
En cuanto a los relatos que nos han llegado, el dios ya era citado por comediógrafo griego Aristófanes en el siglo V a. C., mientras que un siglo después, otro griego, el orador Demóstenes, dejaba testimonio de sus ruidosas procesiones, en las que los fieles danzaban profiriendo fórmulas rituales y agitando serpientes sobre sus cabezas.
Sabazio fue el protagonista de un incipiente monoteísmo cuyo contenido, místico y escatológico, aseguraba una rica vida de ultratumba para los justos. A diferencia de otros dioses a los que se les consagró grandes templos, la gran difusión de las manos de bronce sabazias, nos habla más bien de un culto íntimo, practicado por pequeñas agrupaciones en la intimidad de santuarios domésticos.
Pilar Medina Rayo: Escritora, articulista, graduada en Derecho por la Universidad Rey Juan Carlos y funcionaria de carrera. Es una apasionada del arte, la mitología y la historia.
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