
LAS ESENCIAL FLORALES DEL DR. EDWARD BACH.
La enfermedad busca en el fondo avisarnos de nuestra equivocada actitud mental para corregirla. Si no sufrimos dolor, ¿Cómo aprender que la crueldad duele? Si no sufrimos por una pérdida, ¿Cómo saber el dolor que produce un robo? In memoriam de la profesora Nieves Marín
HUMANISMO
Academia Española de la Espiritualidad


In memoriam de la profesora Nieves Marín.
"Lo que llamamos enfermedad es la fase terminal de un desorden mucho más profundo. Es evidente que si queremos que un tratamiento sea totalmente eficaz, no podemos tratar únicamente los síntomas sin remontarnos a la causa fundamental de dicha enfermedad, a fin de eliminarla” Dr. Edward Bach.
Nuestro protagonista, Edward Bach, nació en Monseley (Inglaterra), un 24 de septiembre de 1886. La localidad de Monseley es un pequeño pueblo situado en las afueras de la ciudad de Birmingham, a tres kilómetros hacia el sur. Es una zona residencial que se desarrolló a partir de una villa rural y terminó convirtiéndose en un importante suburbio de Birmingham hacia finales del siglo XIX.
Desde su niñez mostró gran interés por la naturaleza y los seres vivos, despertando tempranamente su vocación por la salud y la medicina. Su claro sentido humanista estaba, desde bien temprano, presente en su vida.
La preocupación esencial de Bach era más el enfermo, en tanto ser humano (con sus conflictos y cualidades), que la enfermedad en sí. Consideraba que el cuerpo padece enfermedades como causa de estados emocionales alterados. Llegó a la conclusión de que, tratando el estado de ánimo negativo, se puede hacer desaparecer el mal. Era un ser lleno de bondad y espiritualidad.
En el año 1912 termina sus estudios de Medicina, realizando un Posgrado en Salud Pública en Cambridge (1914). Más tarde trabajó como Inmunólogo y Bacteriólogo. Nuestro personaje encontró una relación directa entre las bacterias intestinales y la enfermedad crónica, hecho que le llevó a preparar vacunas; pero el método utilizado, la inyección, no le agradaba ya qué causaba dolor e incomodidad. Bach pensaba que el tratamiento terapéutico debía evitar ser doloroso o desagradable para la persona.
Llegamos a un hecho significativo en la vida de nuestro protagonista. En 1917 cae enfermo, diagnosticándole un tumor con metástasis. Después de operarle, le pronostican tres meses de vida; pero su gran entereza y el deseo de realizar un descubrimiento capaz de eliminar la enfermedad, le hacen seguir luchando y conseguir vencer al cáncer. En este preciso instante, se produce el salto cuántico que le permite introducir un programa mental curativo para afrontar y vencer a la realidad que le presenta la vida.
En 1920 ingresa como Bacteriólogo en el Hospital Homeopático de Londres. Allí conoce los estudios realizados por Hahnemann, con quien se siente plenamente identificado y comienza a elaborar vacunas homeopáticas vía oral.
Descubre como determinadas enfermedades coinciden con tipos de caracteres. Había que curar al enfermo en su globalidad y no perder el tiempo suprimiendo mecánicamente la enfermedad.
Bach desarrolló siete nosodes (del griego: nosos, enfermedad, origen incierto) homeopáticos que aún se utilizan en la práctica médica. Los siete nosodes son: Proteus, Dysenterie, Morgan, Faecalis Alkaligenes (hoy remplazado por el Remedio Homeopático Sepia), Coli, Mutabile, Gaertner y Nº 7. Son preparados a modo de vacunas. Bach descartó la inyección de estos. Gracias a su acercamiento a la obra de Hahnemann, preparó los nosodes con la técnica homeopática. No le agradaba que provinieran de los desperdicios humanos porque pensaba que no elevarían el estado vibracional del sujeto.
En 1928 decide viajar a su zona natal, y allí empieza a estudiar las flores. Se detenía a observar el comportamiento de cada flor y lo iba asociando a estados de ánimo, y comprobando el efecto y el resultado que producía en él mismo. Colocaba las flores recién cortadas dentro de un recipiente lleno con agua de un arroyo cercano y dejaba que las diera el sol durante unas horas. Había observado que el rocío posibilitaba que la vibración de la flor permaneciese inalterada, y por eso pensó que el agua sería un buen catalizador. Posteriormente utilizó alcohol para conservar el agua.
El descubrimiento de los primeros estados emocionales relacionados con las flores parte de su propio ánimo. Estaba impaciente por encontrar un remedio para recobrar la salud, temeroso de no poder hallarlo, e ilusionado pensando que sería una respuesta que podría cambiar el mundo.
Así descubrió: IMPATIENS (Impaciencia), flor también llamada "No me toques" porque si es rozada en el momento de su madurez, se abre de golpe y lanza sus semillas. Se correspondería con un individuo de carácter rápido, tenso, decidido a la acción inmediata.
MIMULUS (Mímulo), flor que crece tímidamente y con las raíces bien agarradas al suelo, junto a los cursos de agua. Reflejaría a un individuo tímido, con miedo al mundo y que se encierra en sí mismo sin intentar resolver sus problemas.
CLEMATIS (Clemátide), flor relacionada con estados de ánimo ilusorios, ensoñación, personas que están más en el mundo fantástico y mental que en la realidad.
Bach se sentía cada vez más en contra de la Medicina Tradicional (Alopática) que iba simplemente a curar la enfermedad sintomáticamente. El buscaba la causa que habría podido desencadenar dicha patología, y la encontraba en el estado de ánimo que la acompañaba y en el carácter del individuo. Bach consideraba que si no se tenían en cuenta estos dos aspectos y sólo se trataba la enfermedad específica, podría desaparecer esa enfermedad, pero el mal aparecería con otra sintomatología.
Edward Bach definió la enfermedad como el estado terminal de un desorden mucho más profundo. La verdadera enfermedad puede estar constituida por: orgullo, crueldad, odio, avidez, egoísmo, inestabilidad, ignorancia, etc.
Para sanarse con las flores de Bach hay que desliar la madeja cerebral, descubrir el centro focal de la disfunción de carácter, que manifiestan los efectos internos a través de la enfermedad corporal.
A veces ocurre que la persona se defiende contra sus propios errores, achacándoselos a los demás, por eso es importante desmontar esas defensas para poder curarse (proyecciones).
También es importante contar no sólo con los defectos, sino con las virtudes ó cualidades del sujeto. Hay que intentar mantenerlo en su parte más elevada, por eso también se debe prescribir aquel remedio que apunte a lo mejor de sí mismo: Remedio que fortalezca esta cualidad.
Por ello, es necesario que el terapeuta esté muy atento a los cambios en los sentimientos, tanto positiva como negativamente: Del recelo al odio, de la angustia a la desesperación; así como del recelo a la confianza, de la angustia a la esperanza.
Es importante que la persona a tratar -y nosotros mismos- nos encontremos libres de prejuicios a la hora de escuchar. La escucha activa forma parte del proceso terapéutico. Debemos tratar de liberarnos de interferencias ajenas que puedan hacernos desviar de nuestro camino y por lo tanto crearnos malestar y enfermedad. El que uno se sienta feliz consigo mismo y con lo que hace es fundamental para la salud. En el momento en que contrariamos a nuestra esencia, se producen tensiones que pueden desencadenar enfermedades pasajeras o crónicas.
La enfermedad busca en el fondo avisarnos de nuestra equivocada actitud mental para corregirla. Si no sufrimos dolor, ¿cómo aprender que la crueldad duele? Si no sufrimos por una pérdida, ¿cómo saber el dolor que produce un robo?
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