
LA MAGIA DE UN NUEVO AÑO
Que el tiempo de nuestra existencia y nuestra vida terrenal, a pesar de ser tan ilusorio y fugaz, tenga el hechizo y la fascinación (la magia) propios de esas estrellas que, a pesar de ser también fugaces, continúan brillando después de su existencia si las sabemos mirar y prestar atención, pudiendo así guiarnos a darnos cuenta (tomar conciencia) de la “gestación-parto-alumbramiento” de lo Divino en nosotros. “El cristiano puede ser madre de Cristo” (San Agustín) Esta ha sido, es y será la gran Novedad de la Navidad que “no-ve-edad” y que hace posible lo imposible: “la capacidad de que en el vientre del tiempo se pueda alumbrar la Eternidad”.
HUMANISMO
Rafael Ubal López


Cuando me he planteado escribir sobre “la magia de un nuevo año”, de hecho, estaba preguntándome acerca de ¿cuál es la “esencia de la magia”? y ¿cuál es la “esencia del tiempo”? Para responder a estos interrogantes, primero se me ha ocurrido preguntarle a un amigo mago y segundo a un amigo relojero. Aquí van, en resumen, sus respectivas respuestas.
El mago me ha dicho lo siguiente:
“La esencia de la magia está en dirigir la atención del espectador e influir en su percepción a través de distintas artes o técnicas rituales, con las que se busca lograr efectos sorpresa extraordinarios. En definitiva, se trata de crear ilusiones ópticas para engañar a la percepción del espectador, por eso la magia es sinónimo de ilusionismo. La esencia de la magia profesional se basa en el truco deliberado practicado por el mago y en la ilusión inconsciente con la que contribuye el espectador”.
El relojero, por su parte, me ha contestado lo siguiente:
“A mí como relojero no me importa eso de la esencia del tiempo, lo que me preocupa es conocer y controlar el funcionamiento y el movimiento mecánico de los engranajes de los relojes tradicionales o el conocimiento del funcionamiento de los relojes actuales, que transforman la energía eléctrica o cinética en movimiento mecánico, tal y como hace el de las manecillas o en movimiento digital como en el de los dígitos. Como relojero lo que me interesa, en concreto, es la precisión instrumental en la medida del tiempo propio del uso horario convencional”.
Ahondando un poco más, después de haber escuchado al relojero, me he dirigido a preguntarle a Albert Einstein sobre ¿cuál es “la esencia del tiempo”? pues no me había quedado yo muy satisfecho. Y esta es la respuesta que he obtenido:
“El tiempo es una ilusión, por muy persistente que sea”.
Esto me ha llevado a repensarme la primera respuesta del mago, en la que se equipara la “magia” con el “ilusionismo”. Según él, la “magia” es el arte de crear efectos “ilusorios” maravillosos mediante trucos que hacen creer que la “magia” es real.
Y tras mi correspondiente consulta al diccionario de la RAE he comprobado que incluye el “ilusionismo” como sinónimo de “magia” y viceversa. También, esta afirmación de Einstein, al ser el tiempo una ilusión, me ha llevado a descubrir una estrecha analogía paradójica entre el trabajo del mago y el trabajo del relojero. La paradoja reside en que, mientras el mago persigue la finalidad de hacernos disfrutar de una posible “escapatoria del tiempo”, el relojero persigue la finalidad de hacer posible que “vivamos dentro del tiempo”.
Estas respuestas, concatenadas en mi reflexión, me han hecho recordar, a su vez, aquel texto bellísimo de don Miguel de Unamuno, sobre la “finalidad de la encina”:
“El leñador cree que el fin de la encina es dar leña; el constructor que es dar madera, el cerdo y su ganadero que es dar bellotas; los poetas, capaces de descubrir en el monte la flor delicadísima de la encina, la candela que se recata en el follaje, creen que el fin de la encina es dar flor, Candela. Y los zagales músicos, los que tocan la dulzaina o chirimía, han de creer que el fin de la encina es dar corazón con el que fabrican sus instrumentos”.
Y ahora, considero muy razonable el que alguien se pregunte ¿A cuento de qué viene introducir aquí este texto de Unamuno cuando estábamos preguntándonos por la “esencia de la magia” y la “esencia del tiempo”? Pregunta que me parece muy oportuna y a la que respondo de mil amores, ya que me va a permitir aclarar, que preguntar por la esencia de algo equivale en gran medida, intrínsecamente, a preguntar por la finalidad de algo, puesto que ambas preguntas buscan indagar en la naturaleza, el significado y el propósito de ese algo. Aunque son preguntas conceptualmente distintas, la pregunta por la esencia y la pregunta por la finalidad se fusionan y convergen las dos en la búsqueda de significado y de sentido.
Llegados a este punto y teniendo presente la pregunta de Unamuno sobre “la finalidad de la encina”, volviendo sobre nuestros pasos, vamos a preguntarnos ¿cuál es la finalidad de la magia? y ¿cuál es la finalidad del tiempo? Pero, así como en un principio hemos asociado la magia a un mago y el tiempo a un relojero y a un fisicomatemático, en esta ocasión vamos a asociar la magia y el tiempo a un ser humano-viviente cualquiera, incluidos usted y yo mismo. Y vamos entonces a preguntarnos: ¿tienen la magia y el tiempo algo que ver con el “sentido de la vida humana”? (invito a que cada quién responda por sí mismo) Ahí va mi respuesta personal. ¡Claro que sí! La magia y el tiempo están profundamente entrelazados con la vida humana como metáforas poderosas. De tal manera esto es así, que podemos perfectamente hablar de una “magia vital-existencial” gracias a la cual somos capaces de “asombrarnos ante el Misterio de lo aparentemente ordinario”, es decir, experimentamos una transformación subjetiva tal en nuestra percepción de la realidad, que se nos permite disfrutar de ver el océano en una gota de agua, experiencia que nos conduce a una actitud de asombro ante la maravilla de lo cotidiano, sin necesidad de andar por ahí a la caza y captura de extraordinarios milagros sobrenaturales. Esta actitud, que por una parte es de “radical agradecimiento existencial”, por otra parte, es de “radical insurrección”, o sea, de exclusiva “sumisión a su misión”, dicho de otra forma, de valiente “obediencia de Vida” no de cobarde “obediencia debida”. Quienes tienen su sentido de la vida cargado de “magia vital-existencial”, son institucionalmente ingobernables porque son convivencialmente indomables, indomesticables y, por tanto, peligrosos para una sociedad institucionalmente domesticada, desencantada y rendida a la “cochina lógica del mercado”.
Quienes están inmersos en la vulgaridad y la mediocridad, tan solo pueden llegar a entender la magia como un simple espectáculo de distracción, cuya finalidad principal es la de engañar a su mente para después continuar llevando su normalizada pseudovida distraídos de sí mismos, perfectamente adaptados al imperativo institucional e impersonal de lo rutinario.
A este propósito don José Ortega y Gasset decía que el ser humano “necesita de estrellas para orientarse”. Con esa afirmación se refería a que, además de vivir en “su circunstancia” (el mundo que le rodea y que no elige) el ser humano necesita de “referentes” (esas estrellas) para encontrar sentido y propósito, para no solo sobrevivir sino vivir plenamente con “magia vital-existencial”, de acuerdo con sus posibilidades más allá de lo meramente pragmático y zoológico. Pues bien, voy compartir a renglón seguido, dos de esas estrellas que para mí son dos ejemplos de “magia vital-existencial” con nombre y apellidos.
La primera de estas estrellas que os quiero regalar es Ivone Gevara, teóloga brasileña, doctora en filosofía, doctora en ciencias de las religiones con amplísima experiencia docente y fiel acompañante de colectivos de mujeres en zonas marginales, además de una de las principales iniciadoras de la teología feminista cuya obra, “Hacia una teología feminista” (¿Qué es la teología feminista? ¿Cómo ha de ser una espiritualidad no patriarcal para el siglo XXI?) de Ediciones Cátedra, os recomiendo a quienes tengáis interés en disfrutar de la magia del pensamiento de esta gran mujer-mágica.
La segunda estrella que deseo presentaros es Fernando Urbina de la Quintana, cura rural, profesor, escritor, conferenciante, acompañante incansable de los movimientos obreros… pensador profundo, hombre de ciencia, gran intelectual, molesto para los jerarcas y amigo de la gente humilde, de quien el filósofo Xabier Zubiri dijo: "Fernando Urbina es una de las cabezas mejor dotadas de este país". Persona a la cual me honra haber tenido de profesor y que además es un gran teólogo por descubrir. A quienes deseéis gozar de la magia del pensamiento de este gran hombre, os recomiendo la lectura de su obra: “comentario a noche oscura del espíritu y subida al monte Carmelo de San Juan de la Cruz” de la editorial PPC. No os perdáis el goce del brillo de la estela de esta estrella-mágica, como la de aquel astro que, según el Evangelio de Mateo, condujo a los Magos hasta el lugar del nacimiento de Jesús en Belén.
Y, una vez abordado el tema de la magia y de su influjo “vital-existencial”, vamos a mirarnos cara a cara en el espejo del tiempo, “tiempo”, del que muy bien decía Don Francisco de Quevedo en uno de sus versos “que ni vuelve, ni tropieza”, sugiriéndonos ante su continuidad una razonable y poética actitud esperanzada. Así pues, planteémonos ya ¿cuál es el sentido vital-existencial del tiempo para nosotros? o ¿cuál es su esencia y finalidad? Tal y como lo acabamos de hacer con la magia.
Aquí, dado el contexto en el que estoy redactando este texto, permítaseme la licencia o el pretexto de responder evangélicamente a esta pregunta. Por tanto, lo primero que me cabe hacer lógicamente en este escenario es ajustarme al significado que en los evangelios se le da al término “tiempo”, lo cual, si queremos realizar una exégesis fiel a los escritos originales, tendremos que recurrir al auxilio de las correspondientes etimologías y proceder a una traducción que no traicione ni desvirtúe dichas fuentes. De esta manera nos encontramos con que en el original griego bíblico de los evangelios, existe la alusión al “tiempo" (cronológico, medible y cuantificable) que se escribe “χρόνος” (chrónos), mientras que también aparece otra mención a un tiempo diferente, "tiempo oportuno" o "de Dios", que se escribe “καιρός” (kairós); la diferencia clave es que (chrónos) es el tiempo del reloj o del calendario, el tiempo secuencial que medimos, y (Kairós) que es el momento cualitativo y perfecto para una acción importante y decisiva. Ambos conceptos están presentes en los evangelios para darnos a entender que el tiempo de la acción-divina está insertado-encarnado en el tiempo de la acción-humana.
Este lenguaje propio de una primitiva teología bíblica, tras una correcta traducción gramatical requiere, según mi criterio, de una traducción antropológica existencial semánticamente actualizada. Traducción a la que yo me permito proceder a continuación, según mi propia y libre interpretación y al margen de clichés catequéticos doctrinales, ortodoxos y heterodoxos.
Debemos ser conscientes de que, a día de hoy, no hay un número fijo de interpretaciones bíblicas, sino que existe una pluralidad de enfoques que van desde lo más literal hasta lo más místico-esotérico, aunque cada uno decimos que el significado principal es el elegido por nosotros mismos o por la I. A. bíblica o por el correspondiente “influencer” o “Coach” evangélico de turno.
Después de esta breve disgresión irónica acerca de los comentaristas bíblicos, entremos en materia y respondamos directamente a la ineludible pregunta existencial que el tiempo nos hace a todos y a cada uno de nosotros: “¿Y ahora qué?” … He ahí la cuestión de ser y/o no ser.
Lo que el tiempo hace con nosotros resulta a todas luces evidente. Lo que nosotros hacemos con el tiempo ya no es tan evidente. Esa pregunta de "¿Y ahora qué hago con mi tiempo?” equivale a preguntarse “¿y ahora qué hago con mi vida?" cuestionamiento que parece ser universal y que en un momento dado a todos nos llega, ya sea ante una crisis determinada, ante un cambio de etapa o en la rutina diaria. Y es desde ese interrogante, más o menos consciente, desde donde brota la introspección o la autorreflexión sobre el propósito de vida, los sueños, el aprendizaje de lo vivido, lo gozado, lo sufrido y la búsqueda necesaria de encontrarle un sentido vital-existencial, puesto que ante el absurdo vital-existencial sólo existe un problema filosófico serio, tal y como nos lo dejara bien claro Albert Camus: “No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no la pena de ser vivida, equivale a responder a la cuestión fundamental de la filosofía”.
Pues bien, frente a esta inquietante pregunta que el mismo río de la vida nos plantea en su imparable devenir, viaje para el que no tenemos billete de vuelta y del que ya nos advirtió el poeta español del siglo XV, Jorge Manrique, en su famoso verso de las Coplas por la muerte de su padre: "Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir". Qué pistas razonables, válidas y fiables, encontramos en el Evangelio que nos puedan brindar hoy orientación en nuestra búsqueda de respuestas a la pregunta “¿y ahora qué hago con mi vida?”.
Para mí, la primera pista, se halla en la parábola de las vírgenes necias (o insensatas) y prudentes, narrada por Jesús en (Mateo 25:1-13;). Ahí está clarísimo que sin el cultivo de una “Atención Vigilante”, nos perdemos la participación en la “Fiesta de la Vida”. La segunda pista, la encontramos en el único gran Mandamiento del Evangelio (Mateo 22:27-40, Marcos 12:29 – 31) Aquí es evidente que el reto existencial del ser humano a la luz del Evangelio es el del Imperativo de la “Acogida Amistosa o Cuidatoriado” confirmado hoy a la luz de la Antropología Social más reciente con el nombre de “Empatía”. La tercera pista se nos anuncia en el Canto del Magnificat de (Lucas 1: 46-55) Ahí se nos hace ver con transparencia de dónde nos brota la “Alegría de Vivir”, al comprobar que en la propia biografía se han obrado maravillas, pues bastaría con no estar distraído para estar maravillado y ya, en lo sucesivo, todo se hace a partir de esta “Memoria de lo Bueno” de la que somos testigos, protagonistas y de la que damos un testimonio que nos aporta “Identidad y nos Hermana en una misma Memoria Eucarística”. La cuarta pista nos la brinda la “Natividad”. Evangelio de Mateo (Mateo 1:18 - 2:23) y Evangelio de Lucas (Lucas 1:26 - 2:40). No nos hemos dado cuenta de lo que significa la Navidad Evangélica, porque si nos hubiéramos dado cuenta, seríamos conscientes de que en la Navidad tienen respuesta las tremendas preguntas de la Humanidad sobre el nacimiento, la muerte, el bien y el mal… “Porque en la Navidad encontramos el sentido de haber nacido, ya que ahí todo lo increíble se hace posible” … El secreto está en hacernos niños: Evangelio de Lucas (Lucas 1:26 - 2:40) en inocentizarnos en lugar de culpabilizarnos.
La quinta y última pista que nos facilita el Evangelio (para suministrarnos respuestas a esa pregunta concientizadora acerca de “¿y ahora qué hago con mi vida?”, pregunta que nos invita a la introspección, al cuestionamiento de nuestra realidad y de nuestras creencias para generar en nosotros autoconciencia y para hacernos pensar más allá de lo obvio y superficial) nos sale al paso en (Juan 13: 34-35;) "En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor los unos con los otros"… Toda espiritualidad auténtica se traduce en un compromiso profético que se manifiesta en una clara convivencia armónica y una comunitaria grandeza de ánimo.
“estad siempre alegres” (Filipenses 4:4) San Pablo exhortando a los cristianos a una alegría profunda, alimentada por un “bienllevarse comunitario”.
Para finalizar este escrito, deseo compartiros otras dos de esas estrellas, que para mí son dos ejemplos de experiencia humana en cuanto a cómo han ido respondiendo a lo largo de sus intensas biografías a la pregunta “¿Y qué hago ahora con mi vida?” aquí las tenéis con sus nombres y apellidos.
La primera estrella a la que os quiero invitar a contemplar, en esta ocasión, es Gloria Steinem, la cual fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2021. En su libro “Mi vida en la carretera”, nos recuerda que, si vivimos con la mente abierta, atentos y siempre “en la carretera”, podemos cambiar, aprender sobre nosotros mismos y entender a los demás. Y, sobre todo, nos revela la importancia de la risa en nuestras vidas. Con esto deseo haceros caer en la cuenta de la necesidad de introducir la Risa en nuestras vidas, con el fin de liberar nuestra mente y nuestro espíritu de las patologías del seriecismo y de la solemnidad con las que hemos revestido a nuestros egos.
La segunda estrella con la que quiero clausurar estas páginas, es el conocido cantautor Facundo Cabral, entre lo más destacable de esta estrella yo mencionaría su profunda sabiduría popular, sus mensajes de paz y amor universal transmitidos a través de canciones y reflexiones filosóficas, además de un misticismo, una alegría de vivir, una valentía y un sentido del humor único, con el que inspiraba a mirar y ver la vida, siempre de una manera bondadosamente novedosa, es decir, evangélica, desde la magia de su canción “este es un nuevo día, para reír, para cantar, para volver a ser feliz”.
Que así sea.
Rafael Ubal López,
Psicólogo, teólogo.
Presidente de la Asociación Donantes de Risas, vocal/académico de la Academia Española de la Espiritualidad.
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