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LA ESPIRITUALIDAD EN NAVIDAD

La Navidad se convierte en un espacio para recordar lo que realmente importa. La espiritualidad navideña nos recuerda que siempre es posible encender una chispa en medio de la oscuridad que puede rodearnos: un gesto de perdón, una palabra de aliento, una acción de solidaridad, son pilares esenciales para el despertar de del ser humano

MONOGRAFICOS

Academia Española de la Espiritualidad

La Navidad representa, para una parte importante de las personas, una de las épocas más especiales y entrañables del año. Sin embargo, más allá de las luces, los regalos y las celebraciones, existe un fondo que invita a mirar hacia adentro: la espiritualidad es la clave.

Vivimos en un mundo acelerado. La Navidad se convierte en un espacio para recordar lo que realmente importa, reconectar con seres queridos (familia y amigos); aún más importante: es tiempo de parar, detenernos y reencontrarnos con nosotros mismos, ya que la magia de las fechas cautiva un espíritu más comprensivo y dialogante, aunque sea por breves instantes.

La espiritualidad navideña comienza con un sentido de pausa. Es ese instante en el que el bullicio cotidiano parece amortiguarse y aparece la oportunidad de preguntarnos: ¿Qué me llena en la vida? ¿Doy gracias por todo aquello que disfruto? ¿A quién necesito acercarme y compartirle mi agradecimiento? ¿Soy feliz en mi día a día?

Esta pausa, esta parada, no necesita de grandes ceremonias; basta con un momento de silencio… una vela encendida o una conversación sincera y llena de empatía. Es una invitación a frenar la inercia y abrir espacio para la introspección. Nuestro diario acontecer deja paso a tanta agitación y el descanso/reposo se presenta más factible…y deseable.

Es de destacar que la inmensa mayoría de las tradiciones culturales y religiosas celebran el nacimiento de la luz en esta época del año. La Navidad, en especial, simboliza el nacimiento de una luz nueva que ilumina la vida humana. Una maravillosa ocasión de disfrutar de estar vivo, con autenticidad. Esa luz puede interpretarse como esperanza, renovación, bondad o propósito de ser mejor, de sentirnos llenos de sanos proyectos, de una recarga importante de energía positiva.

La espiritualidad navideña nos recuerda que siempre es posible encender una chispa en medio de la oscuridad que puede rodearnos: un gesto de perdón, una palabra de aliento, una acción de solidaridad, son pilares esenciales para el despertar de del ser humano.

La Navidad es también un llamado a fortalecer los vínculos. No se trata solo de compartir una mesa; se trata de abrir el corazón. En una sociedad cada vez más individualista, la espiritualidad navideña invita a mirar al otro como un ser valioso, digno de escucha y de afecto. Una excelente oportunidad de mejorar nuestra actividad social, dirigida sobre las personas que tenemos vínculos significativos y que no solemos prestarles demasiada atención.

Sí, visitar a un ser querido, tender la mano a quien lo necesita o simplemente estar presente¸ esos actos sencillos se convierten en expresiones profundas del espíritu navideño. ¡La magia de la Navidad!

La espiritualidad no es únicamente reflexión; también se manifiesta -de manera muy significativa- en lo que hacemos por los demás. Durante la Navidad, la solidaridad adquiere un brillo especial. Donar, acompañar, servir, compartir… son formas de llevar la luz interior hacia el mundo exterior que nos rodea.

Este espíritu solidario no debería limitarse a estas entrañables fechas. La verdadera vivencia espiritual transforma nuestro modo de vivir todo el año, de manera regular, constante.

Existe un mensaje universal…Aunque la Navidad tiene profundas raíces cristianas, su esencia espiritual trasciende religiones y culturas. Es un tiempo para celebrar valores universales de nuestra especie:

  • La paz,

  • la compasión,

  • el perdón,

  • la esperanza,

  • la reconciliación,

  • la gratitud,

  • el amor.

Cada persona, desde su propia tradición, religión, espiritualidad o filosofía de vida, puede encontrar en esta época una oportunidad para renovar su interior y encontrar una sana conexión con sus semejantes.

En última instancia, la espiritualidad en Navidad es un llamado a renacer: a dejar atrás lo que nos pesa, a cultivar lo que nos construye y a abrirnos a la posibilidad de un nuevo comienzo.
Es un recordatorio de que, incluso en los tiempos difíciles actuales, siempre hay un motivo para agradecer y seguir adelante. La esperanza es uno de los motores esenciales de nuestra existencia.