
EL COMPROMISO CON LA LIBERTAD
Este texto explora la libertad no como un ideal abstracto, sino como una práctica cotidiana que se construye en cada elección que hacemos. A través de una mirada que combina reflexión filosófica y fundamentos de la Terapia Cognitivo-Conductual, se profundiza en cómo la libertad se entrelaza con el compromiso y la responsabilidad: desde decisiones simples —como elegir una canción— hasta elecciones complejas —como amar, soltar o permanecer en un vínculo. La autora examina cómo nuestra historia, nuestros valores y nuestras emociones influyen en la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás, invitándonos a mirar con honestidad nuestras propias narrativas y a reconocer cuándo actuamos desde la autenticidad y cuándo desde el hábito. El resultado es una reflexión íntima y clara sobre el verdadero arte de vivir: elegirnos con responsabilidad, comprendernos con flexibilidad y actuar desde una libertad que no evade consecuencias, sino que se compromete con ellas.
HUMANISMO
Marianne Contreras


A lo largo de mi vida me he encontrado respondiendo de maneras distintas a una misma inquietud: ¿qué significa realmente la libertad?, ¿cómo se relaciona con el compromiso?, ¿y dónde entra la responsabilidad en ese entramado? ¿Cambian estas respuestas con la edad, con las experiencias, con las heridas que vamos acumulando o sanando? ¿O es que simplemente aprendemos a mirar estos conceptos desde ángulos diferentes?
Desde pequeños comenzamos a explorar qué es la libertad: ¿quiero esto o no lo quiero?, ¿digo lo que siento o lo callo?, ¿me acerco o me alejo? Pero muy pronto aparece otra pregunta inevitable: ¿qué hago con las consecuencias de esas elecciones? ¿Qué responsabilidad tengo sobre mis decisiones y sobre cómo afectan a quienes me rodean? ¿Qué compromiso implica ejercer mi propia libertad sin invadir la del otro?
Hoy, en un mundo lleno de términos sobre relaciones humanas —apego, heridas, límites— surge otra interrogante: ¿de verdad entendemos lo que sentimos o solo repetimos conceptos sin detenernos a pensar? ¿Cómo discernir si mis emociones son válidas o si estoy interpretando desde un lugar aprendido que ya no me sirve? ¿Qué significa, en la práctica, respetar mi libertad y al mismo tiempo comunicarla con claridad y consideración?
Y, quizás la más importante de todas: ¿cómo elegir de manera consciente y flexible, reconociendo que mi libertad no existe en un vacío, sino en convivencia con la existencia de otro? Pero validando mis necesidades, ideas, emociones y decisiones. La clave podría encontrarse en generar un equilibrio entre las evidencias de aprendizajes previos y acciones guiadas por valores.
Lo que me lleva a hablar de la verdad… Pero ¿qué es la verdad? un término subjetivo a la experiencia e historia de cada individuo. Basándose en aquella verdad es que se puede crear la estructura de esa guía para acompañar nuestras decisiones, generando de la vida un arte de vivir como elección continua.
¿Complejo? Probablemente… depende de la etapa en la que nos encontramos y los objetivos que podamos tener en dicha etapa, es que comenzaremos a construir esa congruencia con los valores, la responsabilidad, partiendo de la libertad que tenemos para desenvolvernos en lo que estamos buscando.
Como cuando buscamos elegir nuestra canción favorita, como cuando buscamos elegir nuestra comida del día, y a veces tomamos en cuenta a los elementos de nuestro entorno, y a veces incluso en esas decisiones sencillas consideramos a quienes nos rodean. Lo que te quiero compartir con esta idea es quizá ahí, en lo cotidiano, es donde realmente practicamos la libertad con responsabilidad. La libertad rara vez se presenta como un acto grandioso. Se cuela en lo pequeño, en lo que parece insignificante, pero termina moldeando quién soy.
Ahora… cuido mucho la forma en que menciono lo que puede parecer “insignificante”, pues esto dependerá mucho de lo que te he compartido a lo largo de este texto… nuestra historia esta caracterizada por ciertos aprendizajes que tendrán un impacto en la forma en la que nos relacionamos con nuestro entorno, en diferentes áreas, entre ellas definitivamente debemos mencionar al amor, en ese territorio nos vamos a encontrar a las decisiones que nos pueden mostrar verdades profundas. Amar o no amar, elegir o no elegir, quedarse, o soltar… también es un espacio en el que exploramos la libertad o la experiencia de colocarnos frente a un espejo, uno que la mayoría de las veces nos permite preguntarnos… ¿Qué hace el otro?, ¿Cómo me siento con lo que hace?... Aunque hoy quiero invitarte a mirar el reflejo real, el tuyo. Y comenzar a preguntar… ¿Qué hago yo con lo que el otro es, con lo que el otro hace, con lo que el otro ofrece?, ¿Qué quiero/puedo brindar yo?. Considero que en ocasiones creemos entender perfectamente la otra persona: su historia, su ritmo, sus límites, deseos, anhelos, incluso sus heridas.
Aunque esto no significa que comprender al otro estemos obligados a elegirlos. Porque, ¿Recuerdas que te invite a ver tu reflejo?, es decir, la invitación es a ¡conocerte! Porque, la libertad y la responsabilidad se dirigen hacía nosotros cuando puedo reconocer que algo me desordena más de lo que me nutre; cuando mis necesidades no van en la misma línea que las de ese otro o cuando chocan con su modo de estar en el mundo; es ahí cuando mi responsabilidad afectiva no consiste en sostener, si no en soltar; y no a la persona, si no a las expectativas que se generaron en torno a ese vínculo. Pondré aquí un paréntesis muy importante, Generar expectativas no es algo negativo… van a surgir porque somos humanos, porque ¡claro que vamos a esperar algo de una situación, momento, evento y persona!, sin embargo la clave radica en observar el panorama completo y contemplar que no tengo el control de lo que sucedió, sucede y va a suceder de los ya mencionados sujetos relacionados con las expectativas.
Aclarado este punto… Elegir desde la libertad, puede implicar que primero me elija a mi… no desde el egoísmo, sino desde la honestidad: saber cuando mi deseo es genuino… y cuando estoy intentando forzar una historia que no existe en el presente.
Porque elegir desde la libertad, no tiene que ser un acto impulsivo, ni un gesto heroico, ni mucho menos un “Me basta con querer”. El elegir desde la libertad implica reconocer mis limites, mis recursos, mis valores y sobre todo las consecuencias o el impacto de sostener un vínculo que no se alinea con ellos. Aquí, es justo en donde la responsabilidad afectiva adquiere una forma más profunda: no se trata de quedarme donde no percibo estar creciendo, ni de pedirle al otro que cambie para ajustarse a mis necesidades o expectativas. Se trata de poder mirar con honestidad en donde es que comienza mi deseo y en donde mi autoengaño: dónde cuido el vínculo y en dónde comienzo a abandonarme a mí.
Tal vez, la libertad no se trate de una conquista épica, sino de un proceso silencioso de autoconocimiento. Una práctica constante en la que aprendemos a distinguir entre lo que deseamos y lo que repetimos por hábito; entre lo que elegimos y nos elige.
En este texto te invito a pensar en la libertad, lejos de un peso moral, y convertirlo en la capacidad de observarnos con claridad, de reconocer nuestras propias narrativas y poder cuestionar cuando una emoción es guía y cuando es eco de un aprendizaje antiguo, pero relacionado con nuestra historia.
Ya que como hemos mencionado, nuestras decisiones no emergen del vacío, si no de la interacción entre pensamientos, emociones conductas y contexto. Así comprometernos con nuestra libertad, implicará cultivar la flexibilidad psicológica, por medio de identificar nuestros valores incluso cuando paree que la emoción trata de llevarnos hacía el otro lado. Es cuando la responsabilidad se vuelve la capacidad de responder en congruencia a nosotros mismos en lugar de reaccionar.
Pero más allá del lenguaje clínico, hay un matiz profundamente humano. Vivir implica un cúmulo de elecciones: algunas pequeñas, otras determinantes. Y cada una de ellas, en su escala, moldea la forma en que habitamos el mundo. Elegimos cómo amar, cómo cuidarnos, cómo retirarnos cuando algo deja de tener congruencia con nuestra historia y bienestar. Elegimos cuándo sostener y cuándo soltar.
Y en ese movimiento que en ocasiones puede ser suave, y en ocasiones abrupto, es en donde encontramos la esencia del compromiso: no con una persona, ni con un ideal, sino con la vida que queremos construir.
Al final, compromiso, libertad y responsabilidad no son conceptos que se imponen desde fuera; son prácticas internas que se afinan con cada experiencia, con cada vínculo, con cada pregunta incómoda que nos obliga a mirarnos sin filtros. Integrarlas no garantiza una vida perfecta, pero sí una vida con dirección. Y tal vez ese sea, después de todo, el verdadero arte de escribir nuestra historia; o mejor dicho el verdadero arte de vivir.
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